«Cuando en febrero de 1993 nos instalamos en Lanzarote, conservando siempre casa en Lisboa, mis cuñados María y Javier, que ya vivían allí desde hacía unos años, junto a Luis y Juanjo, recién llegados, me regalaron un cuaderno para que sirviera de registro de nuestros días canarios. Me ponían sólo una condición: que de vez en cuando los mencionara. Nunca escribí nada en tal cuaderno, pero así, de esta manera, y no por otras vías, nacieron los